M.L. se levantaba por las mañanas encorvada, hasta que no pasaba un rato no podía ponerse recta, tenía tanta molestia en la espalda que no le permitía ponerse erguida. Su médico ya le había dicho que tenía que acostumbrarse al dolor, que era principio de artrosis lumbar y eso no mejoraría. Con apenas 30 años, un trabajo que requiere esfuerzo físico, pensó: “menudo panorama…”. Esta última temporada el dolor fue en aumento hasta que un día ya no pudo más, buscó en internet osteopatía y osteópata. “Uno cerca de casa” – se dijo. Se lo habían comentado en el trabajo “¿Por qué no pruebas a ir a un osteópata?”.

Y nos llamó; no nos conocía de nada. Comenzó a mejorar su espalda y su dolor lumbar desde la primera sesión de osteopatía, combinando estructural, visceral y craneosacral, con masaje. Fuimos relajando y equilibrando las tensiones musculares, las articulaciones de su columna fueron recobrando su espacio y movilidad normal; y al ver cómo se sentía, fue abandonando la idea de que el dolor iba a ser para siempre.

En cuatro sesiones semanales prácticamente había desaparecido el dolor, ahora ni se acuerda, por las mañanas. “¡Me levanto bien de la cama! “-se sorprendía murmurando algunas mañanas. “Ojalá hubiera venido antes”- se repetía. Había soportado el dolor durante años.

Su espalda ha mejorado mucho, incluso su ánimo también.

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